Acapulco de Juárez, Gro.- El reciente ataque ocurrido en aguas internacionales frente a las costas de Acapulco, donde 14 personas perdieron la vida y cuatro embarcaciones fueron destruidas por órdenes de Estados Unidos, ha generado un profundo temor entre los pescadores del estado. Trabajadores del mar, especialmente los dedicados a la pesca de altura, expresaron su preocupación ante la posibilidad de ser confundidos con grupos del crimen organizado por las fuerzas de seguridad extranjeras que patrullan el océano Pacífico.
En las cooperativas pesqueras de Acapulco, Marquelia y La Unión, los testimonios se repiten: miedo, incertidumbre y desconfianza. Muchos pescadores aseguran que, tras los recientes operativos estadounidenses contra presuntas embarcaciones del narcotráfico, sienten que su trabajo cotidiano podría convertirse en un riesgo mortal. “Nosotros salimos a pescar, no a hacer nada malo, pero allá afuera nadie pregunta quién eres. Si ven una lancha a la deriva o con tanques de gasolina, pueden pensar que llevas droga o combustible para los narcos”, comentó un pescador que prefirió mantener el anonimato.

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Los hombres del mar explicaron que es común internarse más de 150 o 200 millas náuticas en busca de especies como el tiburón, el dorado o el pez espada. En esas distancias, donde ya no hay señal ni contacto con tierra firme, dependen únicamente de la corriente y el clima. “A veces se descompone el motor y el viento nos empuja más afuera. Nadie planea eso, pero puede pasar, y ahora tenemos miedo de toparnos con los norteamericanos o con grupos armados”, dijo otro trabajador de la pesca de altamar.
Guillermo Lobatón, integrante de la cooperativa Unión de Pescadores de Hornitos, señaló que la situación ha comenzado a afectar la economía de muchas familias. “Desde el ataque, varios compañeros ya no quieren salir tan lejos. Prefieren quedarse cerca de la orilla, aunque ganen menos. Hay quienes antes salían a las cinco de la mañana y ahora esperan hasta el mediodía, cuando hay más luz y menos riesgo de que algo pase”, explicó.
El temor se ha extendido también entre los jóvenes que apenas comienzan en la pesca, pues muchos no cuentan con papeles, GPS o permisos actualizados. “Un error o una confusión puede costarnos la vida. No todos tenemos radios o documentos para identificarnos si nos interceptan en alta mar”, lamentó un pescador de Barra Vieja.

Hasta el momento, la Secretaría de Marina no ha emitido información oficial sobre el único sobreviviente del ataque ocurrido a más de 600 kilómetros del litoral de Guerrero, lo que ha aumentado la incertidumbre en las comunidades pesqueras. En localidades de la Costa Chica, algunos recuerdan que en los últimos años se han hallado embarcaciones sospechosas e incluso submarinos artesanales en sus costas.
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Jesús, pescador de Marquelia, rememoró que en 2021 un sumergible apareció varado en la playa Barra de Tecoanapa. “Lo reportamos a la Marina, y cuando lo revisaron solo encontraron latas de comida, pero no dejaron de rondar por varios días”, relató. Otro caso similar ocurrió un año después en la misma zona, donde se halló un submarino artesanal destruido. En 2016, otro artefacto de este tipo se halló en el municipio de La Unión, cerca de la autopista Siglo XXI, bajo un fuerte operativo de la Armada de México.
Los pescadores aseguran que la gran mayoría vive al día y que su única fuente de ingreso depende del mar. “Somos gente trabajadora, no criminales. Lo que pedimos es que las autoridades, tanto de aquí como de otros países, entiendan eso antes de disparar”, enfatizó un pescador veterano del puerto.

Entre la desconfianza y la necesidad, los trabajadores del mar enfrentan una nueva amenaza que no viene de las olas ni del clima, sino del miedo a que los confundan con narcotraficantes en un entorno cada vez más militarizado.





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