Acapulco de Juárez, Gro.— Las altas temperaturas nocturnas, exacerbadas por el cambio climático, han dejado de ser solo una molestia estacional para convertirse en un problema de salud pública con impacto directo en la productividad y el bienestar físico de los ciudadanos. Según un estudio reciente realizado por Climate Central, los habitantes de América Latina, particularmente en países como Colombia y México, están perdiendo hasta 93 horas de sueño al año debido a las condiciones de calor extremo.
El informe, que analizó mil 338 ciudades a nivel global, señala que durante el periodo comprendido entre 2020 y 2025, una persona promedio perdió casi 56 horas de sueño anuales a causa de las temperaturas cálidas durante la noche. De esta cifra, más de seis horas son atribuibles directamente al calentamiento global derivado de las emisiones de gases de efecto invernadero y la deforestación.
En el caso particular de México, ciudades como Acapulco se encuentran entre las más afectadas, registrando una pérdida de 93 horas de sueño al año, de las cuales seis están vinculadas específicamente a los efectos del cambio climático. Otras localidades como Cancún y Cartagena también presentan cifras alarmantes, con 91 horas de sueño perdidas, evidenciando que el fenómeno no respeta latitudes ni niveles de desarrollo económico, aunque sí profundiza las desigualdades sociales.
Continúa leyendo: Aseguran científicos de la UNAM que Acapulco es un «nido» de huracanes peligrosos y destructivos
La investigadora de clima y salud del Tyndall Center, Rita Issa, advirtió que el sueño es un pilar esencial para la salud física y mental. «En la práctica clínica, vemos cómo la falta de sueño puede empeorar la salud mental, aumentar el estrés y la fatiga, afectar la concentración y agravar afecciones de salud subyacentes», subrayó. La experta destacó que el impacto del cambio climático en este rubro se ha duplicado desde la década de 1970 en prácticamente todas las ciudades analizadas.
El panorama se trata de algo más complejo en las grandes zonas urbanas debido al «efecto de isla de calor urbana», que mantiene las temperaturas nocturnas mucho más elevadas que en las áreas rurales circundantes. Además, la desigualdad en el acceso a sistemas de aire acondicionado convierte a los sectores más vulnerables —como adultos mayores, niños, mujeres embarazadas y personas de bajos ingresos— en los más perjudicados, quienes experimentan, en consecuencia, pérdidas de descanso incluso mayores a las estimadas por los modelos estadísticos.
Por su parte, Courtney Howard, presidenta de la Alianza de Clima y Salud, enfatizó que estas alteraciones deben considerarse como una preocupación creciente para la salud pública y la capacidad productiva de las sociedades. «Estos resultados refuerzan la necesidad de adoptar medidas de adaptación que aborden las desigualdades, así como de reducir urgentemente las emisiones de gases de efecto invernadero para proteger la salud y la prosperidad», concluyó. La crisis del descanso nocturno se perfila, así, como uno de los indicadores silenciosos pero más contundentes del avance del cambio climático en la vida cotidiana de las ciudades.






Deja un comentario