San Juan del Río, Qro. – Hay lugares cuya historia no permanece encerrada en los museos. Se escucha en las campanas de sus templos, aparece en las procesiones que todavía recorren las calles, se instala en las plazas durante las fiestas y sobrevive en los oficios que una generación enseña a la siguiente. San Juan del Río es uno de esos sitios donde las tradiciones todavía forman parte de la vida cotidiana.
Fundada el 24 de junio de 1531, fecha dedicada a San Juan Bautista, la ciudad construyó buena parte de su identidad alrededor del encuentro entre su pasado indígena, la época virreinal y su posición privilegiada dentro del Camino Real de Tierra Adentro. Incluso su nombre recuerda aquel origen: “San Juan” por el santo celebrado el día de su fundación y “del Río” por el cauce ubicado junto al antiguo asentamiento.
Casi cinco siglos después, algunas celebraciones han cambiado de forma, otras han incorporado nuevos elementos y varias permanecen estrechamente relacionadas con la religión. Juntas componen una memoria colectiva que ayuda a entender San Juan del Río más allá de sus edificios históricos.
El 24 de junio: la gran fecha de San Juan del Río

Si existe un día marcado especialmente en el calendario sanjuanense es el 24 de junio.
La fecha reúne dos acontecimientos inseparables en la historia de la ciudad: la celebración de San Juan Bautista y el aniversario de la fundación de San Juan del Río. El propio reglamento municipal establece que cada 24 de junio debe conmemorarse la fundación mediante actividades culturales, educativas, recreativas y de promoción de la vida económica local.
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Con el paso de los años, esta celebración dio forma también a la tradicional feria de la ciudad, uno de los momentos en que San Juan del Río recupera con mayor fuerza su carácter festivo.
La temporada suele reunir espectáculos, actividades culturales, gastronomía, artesanías, juegos, música y distintas expresiones populares. Para las familias sanjuanenses, la celebración funciona además como un punto de encuentro: una manera de recordar de dónde viene la ciudad mientras sus plazas y espacios públicos vuelven a llenarse.
Y quizá ahí esté parte de su encanto. La fecha no se vive únicamente como un aniversario histórico, sino como una fiesta que mezcla pasado y presente.
Semana Santa y las antiguas procesiones

El Instituto Nacional de Antropología e Historia documenta que desde el antiguo Templo del Calvario partían procesiones de Semana Santa que recorrían las calles de la población antes de regresar a la capilla. El templo se encuentra en lo que históricamente correspondió al barrio indígena y conserva imágenes religiosas relacionadas con la Crucifixión y la Virgen de los Dolores.
Estas prácticas ayudan también a comprender la configuración histórica de la ciudad. Durante la época virreinal coexistieron una zona asociada con la población indígena y otra vinculada con la población española, cada una con sus propios templos y cementerios.
Hoy, las celebraciones religiosas continúan siendo uno de los momentos en que las familias se apropian nuevamente de calles y templos.
Entre rezos, imágenes, encuentros familiares y ceremonias, la Semana Santa mantiene esa relación entre fe y espacio público que durante siglos caracterizó a muchas ciudades del centro del país.
Día de Muertos: entre altares, memoria y plañideras

Si hay una tradición sanjuanense particularmente singular, aparece durante el Día de Muertos.
San Juan del Río celebra desde hace años un festival dedicado a estas fechas que combina altares, actividades culturales, concursos, espectáculos y diferentes expresiones alrededor de la relación mexicana con la muerte. La Secretaría de Turismo de Querétaro ha documentado una celebración con más de una década de historia en el municipio.
Pero entre todas sus actividades existe una que distingue especialmente a San Juan del Río: el concurso de plañideras.
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La tradición recuerda a aquellas mujeres que antiguamente eran contratadas para llorar durante los velorios y acompañar el duelo de las familias. En San Juan del Río, aquella costumbre se transformó en una representación cultural que combina teatralidad, humor y memoria.
A ello se suma la llamada Marcha de los Muertos, en la que participantes recorren las calles caracterizados como diferentes personajes relacionados con la muerte y la cultura popular.
La celebración encuentra además un escenario particularmente simbólico en una ciudad que alberga el Museo de la Muerte, instalado en el antiguo Panteón de la Santa Veracruz. El espacio fue fundado como museo en 1997 con el propósito de explorar la muerte como fenómeno cultural y las distintas formas en que las sociedades han interpretado los entierros y sus rituales.
Aquí, la muerte no solamente se recuerda: también se estudia, se representa y, de cierta forma, se aprende a convivir con ella.
Artesanías que conservan historias familiares

Las tradiciones de San Juan del Río también pueden caber entre las manos.
La alfarería y el trabajo artesanal continúan formando parte de la identidad del municipio. La Secretaría de Turismo estatal identifica a San Juan del Río entre los lugares queretanos donde se conserva la producción de cerámica y alfarería tradicional, con piezas que mantienen técnicas transmitidas entre generaciones.
Otro elemento característico es el trabajo con minerales y piedras semipreciosas.
El mapa artesanal de Querétaro identifica al ópalo entre las expresiones vinculadas con San Juan del Río, mientras que en pleno Centro Histórico todavía existen establecimientos familiares que mantienen vivos estos oficios.
Uno de ellos es el Mercadito de Artesanías Sicarú, cuya tradición familiar supera las seis décadas. Allí se trabajan minerales como turquesa, cuarzo, malaquita, calcedonia, obsidiana y ópalo para crear joyería y objetos decorativos.
Más allá de comprar un recuerdo, estos lugares permiten observar algo que a veces pasa desapercibido cuando se habla de patrimonio: una tradición solamente permanece viva cuando alguien continúa practicándola.
Haciendas y caminos que también forman parte de la identidad

No todas las tradiciones son fiestas. Algunas permanecen escondidas en la arquitectura, en la manera de entender el territorio y en historias transmitidas alrededor de antiguas propiedades.
San Juan del Río fue un punto fundamental del Camino Real de Tierra Adentro, la extensa ruta por la que durante el Virreinato circularon personas, mercancías y minerales entre el centro y el norte de la Nueva España.
Su fértil valle favoreció además la instalación de numerosas haciendas entre los siglos XVII y XX. Muchas de ellas forman hoy parte de los recorridos turísticos que permiten reconstruir una época marcada por la actividad agrícola y ganadera de la región.
Ese pasado todavía aparece en las construcciones, los antiguos caminos y ciertas costumbres rurales de las comunidades que rodean la cabecera municipal.
Por eso, recorrer una hacienda en San Juan del Río no significa solamente visitar un edificio antiguo: es entrar en una parte de la historia económica y social que ayudó a formar al municipio.
Tradiciones que cambian sin desaparecer

En los últimos años han surgido festivales que recuperan formas tradicionales de convivencia comunitaria y las adaptan a nuevas generaciones. El programa municipal Festivaleando, por ejemplo, ha organizado actividades relacionadas con gastronomía, artesanías y encuentros familiares en distintas comunidades.
En Santa Lucía se realizó en 2025 el festival A Volar Papalote, que reunió a miles de asistentes alrededor de papalotes monumentales, talleres, productos artesanales y gastronomía local. El gobierno municipal lo presentó precisamente como una estrategia para fortalecer la convivencia y recuperar tradiciones comunitarias.
También la cerveza artesanal, los mercados de productores y las nuevas experiencias gastronómicas comienzan a incorporarse a esa identidad contemporánea. En septiembre de 2026, por ejemplo, San Juan del Río recibió el Bajío Beer Fest, con productores, gastronomía y artesanías locales.
Las tradiciones, después de todo, no permanecen intactas. Cambian junto con las ciudades.
Una ciudad que conserva su memoria mientras avanza

San Juan del Río ha crecido, se ha industrializado y forma parte de una de las regiones económicamente más dinámicas de Querétaro. Sin embargo, entre ese desarrollo todavía aparecen pequeñas señales de una ciudad mucho más antigua.
Están en la fiesta de San Juan Bautista cada junio, en las procesiones religiosas, en una plañidera interpretando el duelo durante Día de Muertos, en las piedras convertidas en joyas y en las familias que vuelven a reunirse alrededor de una plaza.
Quizá esa sea una de las maneras más bonitas de conocer San Juan del Río: no solamente visitando sus monumentos, sino entendiendo las costumbres que todavía les dan vida.
Porque detrás de sus templos, haciendas y calles antiguas existe algo menos visible pero mucho más persistente: una ciudad que ha encontrado la forma de avanzar sin desprenderse por completo de su memoria.




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