A 29 años del huracán Paulina, Acapulco recuerda la tragedia que cambió para siempre al puerto

Acapulco conmemora 29 años del huracán Paulina, una tragedia que dejó cientos de víctimas y convirtió la prevención ante ciclones en una lección permanente.

Acapulco, Gro. – Han pasado 29 años, pero para miles de familias de Acapulco la madrugada del 9 de octubre de 1997 continúa formando parte de la memoria colectiva del puerto. El paso del huracán Paulina dejó una de las tragedias naturales más profundas en la historia reciente de Guerrero y transformó para siempre la manera en que los acapulqueños entienden la fuerza de las lluvias, los cauces naturales y la vulnerabilidad de una ciudad construida entre montañas, barrancas y el mar.

Conmemorar el aniversario de Paulina no significa únicamente recordar imágenes de destrucción, calles convertidas en ríos o viviendas arrasadas. También representa mantener viva la memoria de quienes perdieron la vida, de las familias que lo perdieron todo y de una ciudad que tuvo que levantarse entre toneladas de lodo y escombros.

La fecha adquiere además un significado particular en 2026. El aniversario ocurre mientras Acapulco vuelve a enfrentar lluvias asociadas a sistemas tropicales, una coincidencia que recuerda que los fenómenos hidrometeorológicos siguen formando parte de la realidad cotidiana del puerto y que la experiencia acumulada durante las últimas décadas debe traducirse en prevención.

La madrugada que marcó a una generación en Acapulco

Paulina alcanzó la categoría 4 durante su recorrido por el Pacífico mexicano, aunque llegó debilitado a tierra. Sin embargo, en Acapulco el mayor peligro no estuvo únicamente relacionado con la intensidad de sus vientos, sino con la extraordinaria cantidad de lluvia que cayó sobre una ciudad rodeada de montañas y atravesada por cauces naturales.

El Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) documentó que el 9 de octubre de 1997 se acumularon 411.2 milímetros de lluvia en menos de 24 horas en Acapulco, una cantidad equivalente aproximadamente a la precipitación que normalmente podía registrarse durante varios meses. Cerca de las cuatro de la madrugada llegaron a caer alrededor de 120 milímetros en apenas una hora.

El agua descendió violentamente desde las partes altas de la ciudad. Barrancas y cauces que durante buena parte del año permanecían secos se transformaron en corrientes capaces de arrastrar vehículos, árboles, rocas, basura y partes completas de viviendas.

Los ríos Papagayo, La Sabana y El Camarón incrementaron sus niveles, mientras se registraban derrumbes, deslaves, destrucción de puentes y cortes carreteros. Cenapred documentó además daños totales en miles de viviendas.

Las cifras sobre víctimas han variado entre registros e informes elaborados después del desastre, pero todas coinciden en la magnitud humana de la tragedia. Documentos oficiales han contabilizado cientos de fallecimientos entre Guerrero y Oaxaca, además de miles de damnificados y comunidades enteras afectadas.

El Huracán Paulina permanece en la memoria de Acapulco

Para quienes vivieron aquella madrugada, Paulina no es solamente el nombre de un huracán ocurrido hace casi tres décadas. En numerosas familias permanece como una referencia temporal: lo que ocurrió antes y lo que ocurrió después de aquella noche.

Barrios enteros despertaron cubiertos de lodo. En distintas zonas, vecinos participaron en rescates improvisados mientras las comunicaciones permanecían interrumpidas y todavía se desconocía la verdadera dimensión de la tragedia.

Con el paso de los años, cada 9 de octubre se ha convertido también en una fecha para recordar a las víctimas. En aniversarios anteriores, autoridades, fuerzas armadas y ciudadanos han realizado ceremonias y minutos de silencio, al tiempo que han insistido en la necesidad de fortalecer los sistemas de protección civil y la preparación de la población ante nuevas emergencias.

Pero recordar a Paulina también implica reconocer que algunas de las condiciones de riesgo continúan presentes.

A 29 años del desastre, especialistas y habitantes han advertido sobre la permanencia de asentamientos en zonas inundables y áreas cercanas a cauces, así como sobre la necesidad de mantener libres barrancas y canales pluviales y mejorar permanentemente los mecanismos de prevención.

De Paulina a Otis: una ciudad marcada por los huracanes

La historia reciente ha demostrado que Paulina no sería el último gran desastre relacionado con fenómenos tropicales que enfrentaría Acapulco.

Manuel en 2013 volvió a evidenciar los riesgos relacionados con las precipitaciones extraordinarias y las inundaciones. Una década después, el huracán Otis, en octubre de 2023, golpeó directamente al puerto con una intensidad sin precedentes y provocó una destrucción generalizada. Un año más tarde, el huracán John volvió a colocar a Acapulco frente a lluvias prolongadas, inundaciones y deslaves.

Cada fenómeno ha tenido características diferentes, pero juntos han construido una memoria reciente que obliga a mirar la prevención como una necesidad permanente y no únicamente como una reacción cuando existe una tormenta frente a las costas.

Paulina dejó una enseñanza especialmente importante: un ciclón no necesita mantener su máxima categoría para provocar una catástrofe. La lluvia, la saturación del suelo, las características del territorio, la ocupación de zonas de riesgo y la obstrucción de cauces pueden convertirse en factores determinantes.

Recordar también significa prevenir

Veintinueve años después, la mejor manera de conmemorar a quienes murieron durante el huracán Paulina es evitar que su historia se convierta únicamente en una fotografía de archivo.

La memoria de aquella madrugada debe mantenerse en las nuevas generaciones, especialmente entre quienes nacieron después de 1997 y conocen la tragedia solamente por los relatos familiares. Saber dónde se encuentran los cauces, identificar zonas susceptibles a inundaciones y deslaves, atender los avisos oficiales y comprender la importancia de evacuar cuando existe una indicación de Protección Civil son aprendizajes que pueden salvar vidas.

Cenapred ha señalado precisamente que recordar los desastres del pasado permite aprender de la experiencia y reducir los riesgos futuros. La historia de Paulina demuestra que la prevención debe comenzar mucho antes de que aparezca un ciclón en el océano.

Este 9 de octubre, Acapulco recuerda una de sus noches más dolorosas. Han pasado 29 años desde que el agua descendió de las montañas y modificó para siempre la historia del puerto. Las heridas materiales fueron reconstruidas con el tiempo; otras permanecieron en las familias que perdieron a alguien aquella madrugada.

Conmemorar a Paulina es recordar a esas víctimas, pero también reconocer que Acapulco continúa siendo una ciudad expuesta a fenómenos naturales extremos. La memoria, en una ciudad acostumbrada a reconstruirse, también debe convertirse en prevención.

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