Khalida Popal, quien formó parte de la primera selección del país asiático, relató el drama que viven las jugadoras en su tierra natal.

Khalida Popal ha sido pieza clave para la formación del futbol femenil en Afganistán, por eso varias jugadoras del equipo nacional femenil de ese país le tienen mucha confianza a Popal, tanta es la confianza que diario recibe llamadas y mensajes de voz que le hacen las futbolistas en donde se escuchan desesperadas, angustiadas y con llanto por las súplicas de ayuda, pues ahora temen por sus vidas porque los talibanes han recuperado el control del país después de dos décadas.
Cuando la llaman, Popal solo les aconseja que huyan de sus casas, de los vecinos que saben que son pioneras del deporte e intenten borrar su historial, en particular su activismo contra el Talibán, el cual ha comenzado a restablecer el Emirato Islámico de Afganistán.
Popal, de 34 años, apenas puede comprender la velocidad de la caída del gobierno afgano y la sensación de ser abandonadas por las naciones occidentales que ayudaron a derrocar a los talibanes en 2001. Tras huir con su familia cuando el Talibán tomó el control de Kabul en 1996, Popal regresó a Afganistán hace dos décadas como una adolescente que vivió en un campamento de refugiados en Pakistán. Gracias a la protección de la comunidad internacional, Popal era optimista de que se fomentarían los derechos de las mujeres.
Hacia 2007 había suficientes jugadoras y Popal formó parte de la primera selección afgana femenil.





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