Acapulco de Juárez, Gro.- Han transcurrido dos años desde la embestida implacable del huracán Otis contra el corazón del puerto de Acapulco. Aquel fenómeno natural, cuya intensificación se trató de algo casi sin precedentes, escaló rápidamente a la temible categoría 5, desatando rachas de viento que superaron los 300 kilómetros por hora y sembrando la destrucción en uno de los destinos turísticos de mayor relevancia para México. Hoy, al cumplirse dos años de aquella madrugada, la resiliencia se respira en el ambiente mientras la ciudad avanza con determinación en su proceso de recuperación.
Las estadísticas oficiales reflejan un progreso significativo, especialmente en el motor económico del puerto: la industria hotelera. Las autoridades estatales estiman que la capacidad de alojamiento ha logrado un resurgimiento del 82%. Este porcentaje se traduce en la disponibilidad de más de 16,200 habitaciones distribuidas en 290 hoteles, un avance notable hacia la cifra total de poco más de 20,000 que existían antes del impacto de Otis.
El Secretario de Turismo de Guerrero, Simón Quiñones Orozco, expresó optimismo ante el panorama: “En tema de infraestructura turística estamos en proceso; cada día se nota más la diferencia. También en la recuperación turística estamos teniendo ocupaciones importantes. La respuesta de la gente hacia su destino tan emblemático y tan querido en México como es Acapulco ha sido muy importante”. La afluencia de visitantes y las altas tasas de ocupación son vitales para reafirmar la reactivación económica del destino.

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La infraestructura del puerto se ha sometido a una profunda cura. Tras la devastación, se ha dado prioridad a la renovación de espacios clave: desde las terminales de autobuses y las plazas comerciales, hasta un número considerable de hoteles, restaurantes, condominios y zonas de esparcimiento. Destaca, además, la modernización de la terminal aérea. Paralelamente, la emblemática Costera Miguel Alemán se mantiene bajo un intenso programa de rehabilitación de su imagen urbana, lo que permite a quienes visitan la costa encontrar una ciudad que luce un rostro distinto y visiblemente transformado.
El sector privado local concibe esta etapa como una necesaria evolución. Fernando Reina Iglesias, un empresario de la región, reconoce el cambio: «Es un Acapulco diferente después de Otis. Hemos tenido que evolucionar y adaptarnos a la demanda actual. Una década, seguramente, será suficiente para que Acapulco adquiera esta nueva forma que estamos construyendo; seguimos trabajando con lo que tenemos y con lo que podemos ofrecer”. Los mismos empresarios admiten que el huracán supuso la pérdida de casi un año en la organización y realización de importantes encuentros internacionales, como congresos, convenciones y festivales. Pese a este impasse, los inversionistas siguen apostando por el futuro, con la apertura de nuevos atractivos turísticos que buscan diversificar la oferta del puerto.

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Sin embargo, la narrativa de la reconstrucción no es homogénea. La disparidad es notoria y palpable en las colonias populares y los asentamientos más alejados de la primera línea turística. En estas zonas, la situación se percibe diferente y el avance es más lento. Alma Rosa Aguirre, activista local, enfatiza la brecha: “En la zona rural y en la zona suburbana, a pesar de los apoyos que en su momento brindó el gobierno federal, creo que todavía hace falta más por hacer, todavía vemos casas afectadas, familias que se fueron, que han sido desplazadas porque ya no hay espacios en sus territorios para vivir y creo que todavía falta mucho por construir”.
A pesar del esfuerzo titánico por mostrar un puerto restaurado, aún persisten las heridas que Otis dejó en la memoria colectiva, sobre todo en el saldo humano: la confirmación de 52 personas fallecidas y la lamentable desaparición de otras 31, la mayoría de las cuales eran trabajadores de embarcaciones y yates recreativos. Aunque la ciudad enfrenta aún grandes desafíos en la reconstrucción estructural y en la regularización de servicios básicos en diversas áreas, el puerto de Acapulco ya exhibe señales inequívocas de reactivación económica y turística, consolidando un avance que, aunque complejo, se mantiene a un ritmo sostenido.





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