Acapulco de Juárez, Gro.– Artistas locales estrenaron en 2026 Horizontes de Resiliencia, una obra cinematográfica que se consolida como el segundo largometraje en la historia de la UNESCO. Este filme documental retrata de manera íntima y profunda la reconstrucción social y emocional de las comunidades guerrerenses que enfrentaron la furia de recientes fenómenos meteorológicos, convirtiéndose en un valioso testimonio de memoria colectiva, resiliencia comunitaria y recuperación cultural.
La producción surge en uno de los momentos más complejos que ha vivido la región en décadas. En octubre de 2023, el huracán Otis impactó Acapulco con categoría 5, dejando una estela de destrucción sin precedentes. La velocidad de su intensificación tomó por sorpresa a la población y provocó daños masivos en viviendas, infraestructura, patrimonio cultural y medios de subsistencia. Al menos 50 personas perdieron la vida y miles más vieron alterada radicalmente su cotidianidad.
Cuando las comunidades apenas comenzaban a levantarse, en septiembre de 2024 el huracán John volvió a golpear la costa guerrerense, profundizando los efectos materiales y emocionales de la emergencia. Más allá de los daños visibles, ambos fenómenos dejaron heridas menos perceptibles: miedo, incertidumbre, ansiedad y procesos de duelo que afectaron particularmente a niñas, niños y adolescentes.

Frente a este escenario, el Fondo de Emergencia para el Patrimonio de la UNESCO, en coordinación con las secretarías de Cultura del Gobierno de México y del Estado de Guerrero, impulsó una estrategia de atención comunitaria basada en el arte y la cultura. Más de 25 artistas, promotores culturales y talleristas locales realizaron más de 200 sesiones en Acapulco y Coyuca de Benítez, creando espacios seguros donde las infancias y juventudes pudieron expresar emociones, reconstruir vínculos y recuperar el sentido de pertenencia a sus comunidades.
Cine como herramienta de catarsis comunitaria
El cineasta Héctor López Taboada, director del documental y miembro del colectivo independiente de cine Trashumantes, fue uno de los beneficiarios de este programa y asumió la tarea de documentar el proceso desde dentro, acompañando a comunidades, artistas y participantes a lo largo de los talleres.
En entrevista, López Taboada explicó que el nombre del colectivo hace referencia a la trashumancia y a la idea de los pueblos nómadas, pues su trabajo consiste en llevar el cine a distintos territorios, alejándose de los circuitos tradicionales para construir experiencias audiovisuales directamente en las comunidades.
El director señaló que los talleres funcionaron como una forma de catarsis colectiva, permitiendo a los menores exteriorizar emociones que permanecían contenidas desde el paso de los huracanes. A través del dibujo, la música, el teatro, la narrativa oral, el cine y otras expresiones artísticas, los participantes encontraron herramientas para procesar experiencias traumáticas y reconstruir la confianza en su entorno.
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«Sus procesos creativos, enfocados en la recuperación social y emocional de niñas, niños y jóvenes, revelan el papel fundamental que pueden desempeñar el arte y la cultura en contextos de crisis», explicó el realizador.
La película no se limita a registrar testimonios. También documenta el trabajo cotidiano de quienes apostaron por la reconstrucción emocional cuando gran parte de la atención pública se concentraba en la recuperación material. El resultado es un retrato sensible que muestra tanto el dolor como la capacidad de organización, solidaridad y esperanza que emergió en las comunidades afectadas.
Horizontes de Resiliencia: una producción hecha desde Guerrero
Horizontes de Resiliencia destaca además por ser un esfuerzo profundamente arraigado en el territorio. La producción reunió a artistas, gestores culturales y creadores audiovisuales guerrerenses comprometidos con la documentación de su propia realidad.
Participaron realizadores como Cande Palma y Alan Santos; la música original y composición estuvieron a cargo de Karlos Morales; mientras que el material de archivo fue aportado por Asgard Tinajero, Quintín Abarca, Ulises Enríquez y Manuel Adams. Estas imágenes permiten dimensionar la magnitud de los daños ocasionados por los huracanes y contrastarlos con los procesos de recuperación que comenzaron a surgir en las comunidades.
La mirada local constituye uno de los mayores valores del documental, pues evita las narrativas externas sobre la tragedia y coloca en el centro las voces de quienes vivieron directamente los acontecimientos.
Un hito histórico para la UNESCO
El estreno de Horizontes de Resiliencia representa además un acontecimiento relevante para la historia audiovisual de la UNESCO y para el cine documental mexicano.
Entre sus principales precedentes destacan:
- Es el segundo largometraje producido bajo el impulso de la UNESCO, después de World Without End (Tiempo de la esperanza), estrenado en 1953 y también vinculado a proyectos desarrollados en México, específicamente en comunidades rurales de Michoacán.
- Se trata del primer largometraje realizado en formato digital impulsado por el organismo internacional.
- Es la primera obra de larga duración desarrollada por cineastas independientes emergentes dentro de una iniciativa de esta naturaleza.
- Constituye uno de los primeros esfuerzos audiovisuales de la UNESCO construidos desde la mirada directa de las propias comunidades involucradas en los procesos documentados.
Más que un registro de una emergencia, el documental busca dejar constancia de cómo el arte puede convertirse en una herramienta para reconstruir tejido social, preservar la memoria y fortalecer la capacidad de las comunidades para enfrentar futuras adversidades.
Actualmente, la película se encuentra en proceso de inscripción en diversos festivales nacionales e internacionales. Asimismo, se contemplan proyecciones especiales para participantes de los talleres, exhibiciones en la Cineteca y una presentación abierta a la ciudadanía en Acapulco programada para octubre.
Los realizadores también exploran la posibilidad de presentar el largometraje en París ante representantes y colaboradores vinculados al fondo de la UNESCO que hizo posible el proyecto.
Más allá de los reconocimientos que pueda recibir, Horizontes de Resiliencia aspira a convertirse en un legado permanente de la recuperación cultural de la costa guerrerense: una memoria viva de cómo una comunidad golpeada por la adversidad encontró en el arte un camino para sanar, reconstruirse y mirar nuevamente hacia el futuro.




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