Chilpancingo de los Bravo, Gro.- La Autopista del Sol se convirtió nuevamente en el escenario de la inconformidad magisterial. Maestros adheridos a la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG) tomaron de forma pacífica las instalaciones de la caseta de peaje de Palo Blanco, un movimiento que, más allá de la protesta gremial por condiciones laborales, buscó enviar un mensaje de solidaridad política con los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa.
La movilización magisterial tuvo como eje central la exigencia de cese al cerco institucional que, según denunciaron los docentes, mantiene retenido al contingente de normalistas en la caseta de Tlalpan, en la Ciudad de México. Los estudiantes, quienes tenían previsto arribar a la capital del país para llevar a cabo sus actividades de protesta y conmemoración, han visto restringido su derecho al libre tránsito, una acción que la CETEG calificó como una vulneración directa a las garantías individuales de manifestación.

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«No permitiremos que se criminalice la lucha de nuestros compañeros de Ayotzinapa», señalaron los docentes desde la salida sur de Chilpancingo, dejando claro que el magisterio disidente no permitirá que el contingente estudiantil sea aislado o reprimido en su intento por hacer escuchar sus exigencias ante las autoridades federales.
A este respaldo político se suma una agenda de lucha de largo alcance. Los integrantes de la CETEG insistieron en que el paro nacional, convocado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), no dará un paso atrás hasta obtener soluciones tangibles respecto a la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007. Este cuerpo normativo, que regula el sistema de pensiones y el uso de las UMAS, los trabajadores de la educación lo consideran como el principal agravio a la estabilidad económica de su jubilación.
El movimiento ha cobrado un nuevo aire en los últimos días, alimentado por la incorporación progresiva de diversas secciones sindicales provenientes de distintos estados de la República. Esta articulación nacional, explicaron los dirigentes cetegistas, es el reflejo de un descontento que ha dejado de ser regional para convertirse en una exigencia central en la mesa de negociación que el magisterio reclama con la administración federal.

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El bloqueo en Palo Blanco es solo una pieza más en un ajedrez de protestas que amenaza con intensificarse. La CETEG fue enfática: mientras las respuestas oficiales sigan siendo omisas o se traduzcan en el cierre de canales de diálogo —o peor aún, en la represión contra grupos estudiantiles y docentes—, la presión en las carreteras y las movilizaciones en centros urbanos continuarán.
La legitimidad del movimiento, aseguraron, sigue intacta al integrar no solo la demanda de seguridad para los normalistas de Ayotzinapa y la búsqueda de justicia por los 43 desaparecidos, sino también la defensa de una jubilación digna para miles de trabajadores. La Coordinadora cerró su intervención reafirmando que no buscan desestabilizar por sistema, sino forzar a la autoridad a que se siente a negociar bajo una óptica de respeto a los derechos humanos y laborales que, a su juicio, las autoridades los han ignorado sistemáticamente.





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