Acapulco, Guerrero.- Durante el arranque de la Brigada Integral y Entrega de Parque Vehicular de Maquinaria Pesada, la alcaldesa de Acapulco, Abelina López Rodríguez, exhortó públicamente a trabajadores del Ayuntamiento a sacar “a punta de chingadazos” a quien no les pague su aguinaldo y, posteriormente, señaló que si disminuyen los ingresos municipales también deberían actuar de la misma manera.
Las expresiones se emitieron en un acto oficial de gobierno, ante la presencia de integrantes del Cabildo, funcionarios municipales y del coronel de infantería Juan Mario Martínez Lara, generando cuestionamientos sobre la responsabilidad de los servidores públicos al emitir mensajes que pueden interpretarse como una invitación a la confrontación física.
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Más allá del tono coloquial utilizado, expertos en administración pública y derecho coinciden en que los funcionarios tienen la obligación de conducirse con respeto, legalidad y prudencia, especialmente cuando sus declaraciones se realizan desde una posición de autoridad y frente a trabajadores subordinados.
La legislación mexicana establece que el abuso de autoridad puede configurarse cuando un servidor público utiliza su cargo para intimidar, vejar o promover conductas contrarias al orden legal. Asimismo, la Ley General de Responsabilidades Administrativas obliga a los funcionarios a observar principios de integridad, respeto y trato digno hacia la ciudadanía y los propios trabajadores de gobierno.
En una entidad que durante años ha enfrentado problemas de violencia e inseguridad, diversos sectores consideran preocupante que desde espacios institucionales se utilice un lenguaje que normalice la agresión física como mecanismo para resolver diferencias o conflictos económicos.
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La controversia adquiere una dimensión adicional debido a que la propia alcaldesa ha denunciado en diversas ocasiones presuntos actos de violencia política en razón de género en su contra, argumentando que ha sufrido de agresiones y ataques sistemáticos por parte de adversarios políticos.
Analistas consultados señalan que existe una contradicción entre exigir respeto y condenar expresiones violentas cuando se es víctima de ellas, mientras al mismo tiempo se recurre a mensajes que pueden interpretarse como una apología de la confrontación física desde una posición de poder.
Las declaraciones ocurren además en un contexto de creciente actividad política rumbo al próximo proceso electoral, donde el discurso de los actores públicos será observado con especial atención por autoridades electorales, organismos de derechos humanos y la opinión pública.
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La responsabilidad de quienes ocupan cargos de elección popular no se limita a administrar recursos o ejecutar obras; también implica contribuir a la construcción de una cultura de legalidad, diálogo y resolución pacífica de conflictos. Cuando la violencia se normaliza desde el discurso oficial, advierten especialistas, el mensaje que recibe la sociedad puede resultar tan preocupante como cualquier acto de confrontación material.
El eco de esa desafortunada declaración pública pone de manifiesto una exigencia mucho mayor: el ejemplo que las autoridades deben dar. Hoy, la sociedad demanda una congruencia absoluta para fortalecer las instituciones, garantizar el Estado de derecho y promover liderazgos alejados del choque y la polarización.





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