Zarpa desde Acapulco el Buque Escuela Cuauhtémoc tras reparaciones por su reciente accidente en E.U.A.

Tras superar los daños sufridos el año pasado en Nueva York, el «Caballero de los Mares» regresa al servicio activo para formar a los futuros oficiales de la Secretaría de Marina.

Acapulco de Juárez, Gro.— El emblemático Buque Escuela Cuauhtémoc, reconocido internacionalmente como el «Caballero de los Mares», ha iniciado una nueva y esperada travesía. Con su zarpe desde el puerto de Acapulco, este histórico velero se convierte nuevamente en el aula flotante más importante para 144 guardiamarinas —45 mujeres y 99 hombres— recién egresados de la Heroica Escuela Naval Militar, quienes iniciarán su primer gran crucero de formación bajo la disciplina de la Secretaría de Marina-Armada de México (Semar).

Este viaje marca un hito significativo para la institución, siendo la primera gran navegación de formación tras el desafortunado incidente registrado el 17 de mayo de 2025 en Brooklyn, Nueva York, donde la nave sufrió daños considerables en sus mástiles durante una maniobra portuaria. Tras meses de intensos trabajos de restauración, el navío está listo para retomar su vocación de embajador de las costumbres y tradiciones mexicanas en los mares del mundo.

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Durante 92 días, que comprenden del 15 de julio al 15 de octubre, los jóvenes guardiamarinas serán guiados por 137 tripulantes experimentados en el crucero de instrucción denominado «Pacífico Norte 2026». El itinerario contempla escalas en puertos estratégicos como Honolulu, Estados Unidos; Seward, Alaska; Victoria, Canadá; además de San Francisco y San Diego, en la Unión Americana. El punto de partida y retorno será, como es tradición, el puerto de Acapulco, que funciona como el puerto base de este majestuoso buque.

Con casi 43 años de servicio ininterrumpido desde su incorporación a la Semar en 1982 —tras su construcción en los astilleros Celaya de Bilbao, España—, el Cuauhtémoc mantiene viva la esencia de la navegación a vela. A bordo, el tiempo transcurre bajo una estricta marcialidad; los guardiamarinas cumplen rigurosos horarios y guardias de cuatro horas como vigías. En este entorno, la tripulación debe dominar la compleja maniobra de desplegar, amarrar y guardar las 23 velas que integran su aparejo, honrando la tradición de navegar sin motores, confiando únicamente en la fuerza del viento.

Este crucero no solo representa una prueba de resistencia técnica y física para los recién egresados, sino también una formación integral en liderazgo y trabajo en equipo. Al fungir como embajadores itinerantes de México, los jóvenes guardiamarinas asumen la responsabilidad de proyectar la excelencia y la disciplina de la Armada de México ante el mundo, reafirmando que el «Caballero de los Mares» sigue siendo un símbolo indiscutible de nuestra identidad naval y de la capacidad de superación ante la adversidad.

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