La experiencia de los últimos años ha demostrado que Acapulco es especialmente vulnerable a los efectos de los fenómenos hidrometeorológicos. Los huracanes Otis, en octubre de 2023, y John, en septiembre de 2024, evidenciaron los riesgos que enfrenta la población ante los vientos extremos, las lluvias extraordinarias, los deslizamientos de tierra y las inundaciones que pueden afectar viviendas, vialidades y servicios básicos.
El 25 de octubre de 2023, Otis impactó las inmediaciones de Acapulco como un huracán categoría 5, con vientos sostenidos de 270 kilómetros por hora, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Menos de un año después, John volvió a poner en emergencia a Guerrero, esta vez con precipitaciones persistentes que provocaron inundaciones y afectaciones en distintas zonas del municipio.
Estos acontecimientos recordaron que los peligros no dependen exclusivamente de la intensidad de los vientos. La acumulación de lluvia, las condiciones del terreno, la saturación de los sistemas de drenaje y la ubicación de las viviendas también influyen en la magnitud de los daños.
En el Pacífico mexicano, la temporada de ciclones tropicales comienza oficialmente el 15 de mayo y concluye el 30 de noviembre. Por ello, conocer las medidas de prevención, identificar los riesgos particulares de cada colonia y contar con un plan de emergencia resultan fundamentales para proteger la vida y reducir las pérdidas materiales.
¿Por qué Acapulco es vulnerable a los huracanes?

La geografía de Acapulco presenta características que incrementan su exposición a diferentes amenazas naturales. Mientras las comunidades cercanas al litoral pueden experimentar oleaje elevado y penetración del mar, las viviendas ubicadas en laderas y partes altas enfrentan peligros relacionados con la inestabilidad del suelo y los deslizamientos de tierra.
En las zonas bajas, particularmente aquellas donde convergen escurrimientos pluviales, las lluvias intensas pueden ocasionar inundaciones en poco tiempo. Este problema puede agravarse cuando los canales, alcantarillas y sistemas de drenaje se encuentran obstruidos por basura, sedimentos o escombros.
Los efectos de John dejaron en evidencia esta situación. Durante septiembre de 2024, las autoridades estatales realizaron labores de desazolve, bombeo y retiro de materiales en diversos puntos de Acapulco, entre ellos sectores de la zona Diamante, para atender las inundaciones provocadas por las precipitaciones.
La problemática tampoco desaparece cuando concluye una emergencia. La expansión urbana hacia zonas susceptibles de inundación, las construcciones en terrenos inestables y las deficiencias en el manejo de residuos representan factores que requieren atención permanente.
Antes de un huracán: la prevención comienza en casa

Una de las principales recomendaciones del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) consiste en identificar los peligros del entorno antes de que se presente una emergencia. Esto implica reconocer si la vivienda se encuentra cerca de un arroyo, una barranca, una ladera inestable o una zona donde habitualmente se acumula el agua.
También es importante conocer las rutas de evacuación y ubicar los refugios temporales habilitados por las autoridades. Las familias deben establecer un punto de encuentro, acordar cómo mantenerse comunicadas y considerar las necesidades de niños, adultos mayores, personas con discapacidad y animales de compañía.
La revisión de las condiciones físicas de la vivienda constituye otra medida fundamental. Se recomienda asegurar puertas, ventanas y techos, retirar objetos que puedan convertirse en proyectiles por los vientos y mantener libres de obstrucciones las azoteas, canaletas y desagües. Estas labores deben realizarse con anticipación y nunca cuando el fenómeno ya representa un peligro.
Asimismo, es indispensable preparar una mochila de emergencia que contenga documentos personales protegidos contra el agua, medicamentos de uso habitual, botiquín, alimentos no perecederos, agua potable, linterna, radio de baterías, cargadores portátiles, dinero en efectivo y artículos de higiene. La mochila debe permanecer en un lugar accesible para facilitar una posible evacuación.
Durante el huracán: ¿qué hacer para proteger tu vida?

Cuando las autoridades emitan una alerta por la proximidad de un ciclón tropical, la población debe mantenerse informada mediante los comunicados del Servicio Meteorológico Nacional y Protección Civil. Es importante evitar rumores y no tomar decisiones basadas únicamente en publicaciones sin verificar que circulen en redes sociales.
Si la vivienda se encuentra en una zona segura y las autoridades no han ordenado evacuar, se recomienda permanecer en el interior, lejos de puertas y ventanas, preferentemente en una habitación protegida. Cuando sea posible hacerlo sin exponerse al agua o a instalaciones dañadas, también deben desconectarse los aparatos eléctricos y cerrarse las llaves de gas.
En caso de inundación, no se deben cruzar calles, arroyos o pasos vehiculares cubiertos por corrientes de agua. Aunque la profundidad parezca reducida, la fuerza del flujo puede arrastrar personas y automóviles. Además, el agua puede ocultar alcantarillas abiertas, desniveles, objetos peligrosos o instalaciones eléctricas dañadas.
Quienes habitan en zonas con antecedentes de deslaves deben prestar atención a señales como grietas en el terreno, inclinación repentina de árboles, hundimientos o ruidos provenientes de las laderas. Ante estas condiciones, es necesario alejarse del área y solicitar apoyo de Protección Civil.
Si las autoridades ordenan una evacuación, debe realizarse de inmediato y por las rutas indicadas. Permanecer en una vivienda de alto riesgo para proteger muebles, electrodomésticos u otras pertenencias puede poner en peligro la vida. Tampoco debe interpretarse una disminución repentina del viento como el final del huracán, pues el paso de su ojo puede producir un periodo de calma antes de que regresen condiciones peligrosas.
Después del huracán: los riesgos no terminan cuando deja de llover

Una vez que disminuyen los vientos y las precipitaciones, resulta fundamental esperar las indicaciones oficiales antes de salir o regresar a una vivienda evacuada. Los árboles debilitados, postes caídos, cables eléctricos, estructuras dañadas y acumulaciones de agua pueden provocar accidentes incluso después de que el fenómeno se haya alejado.
Antes de ingresar a un inmueble afectado, debe comprobarse que no existan daños estructurales graves ni fugas de gas. Si hay señales de peligro, es necesario solicitar una revisión especializada. También se debe evitar utilizar instalaciones eléctricas que hayan estado en contacto con el agua hasta que personal competente determine que son seguras.
La higiene adquiere especial importancia después de una inundación. Los alimentos que estuvieron en contacto con agua contaminada deben desecharse y el consumo de agua tiene que limitarse a fuentes seguras. Durante las labores de limpieza se recomienda utilizar guantes, botas y otros elementos de protección para reducir la exposición a sustancias peligrosas y agentes infecciosos.
También es conveniente documentar los daños mediante fotografías y conservar los comprobantes de gastos, especialmente cuando la vivienda o los bienes cuentan con alguna cobertura de seguro. Sin embargo, cualquier trámite debe realizarse después de verificar que la familia se encuentra fuera de peligro.
La basura y el mantenimiento urbano también influyen en las inundaciones

La prevención de desastres no depende únicamente de preparar una mochila o reforzar las ventanas. En una ciudad como Acapulco, el manejo adecuado de los residuos y el mantenimiento de la infraestructura pluvial son parte indispensable de una estrategia para reducir riesgos.
Los desechos arrojados a calles, canales y barrancas pueden ser arrastrados por la lluvia y acumularse en coladeras y alcantarillas, dificultando el paso del agua. Cuando esto ocurre durante precipitaciones intensas, las inundaciones pueden agravarse y alcanzar áreas habitacionales, establecimientos comerciales y vialidades.
Por esta razón, la ciudadanía debe evitar depositar basura en espacios públicos, respetar los horarios de recolección y reportar los puntos donde existan acumulaciones importantes de residuos. Al mismo tiempo, las autoridades tienen la responsabilidad de realizar acciones periódicas de limpieza, desazolve, inspección y mantenimiento de los sistemas de drenaje.
Estas acciones, aunque necesarias, no sustituyen una planeación urbana que considere las amenazas naturales. La vigilancia de construcciones en zonas de alto riesgo, el mantenimiento de cauces y la protección de áreas naturales son medidas que deben formar parte de una política sostenida de prevención.
La lección de Otis y John: anticiparse puede salvar vidas

Los huracanes no pueden evitarse, pero sí es posible reducir algunos de sus efectos mediante una combinación de preparación individual, organización comunitaria, infraestructura adecuada y respuesta oportuna de las instituciones.
Para Acapulco, las experiencias de Otis y John deben representar mucho más que recuerdos de destrucción. También constituyen una oportunidad para fortalecer una cultura de prevención que no dependa de la cercanía de una tormenta para ponerse en práctica.
Conocer los refugios temporales, contar con suministros básicos, atender las alertas, mantener limpios los espacios públicos y reconocer cuándo es necesario abandonar una vivienda son decisiones que pueden marcar una diferencia durante una emergencia.
La prevención debe ser una tarea permanente y compartida entre ciudadanía y autoridades. En una ciudad que ha enfrentado repetidamente los efectos de fenómenos naturales de gran intensidad, prepararse con anticipación no es una exageración, sino una medida indispensable para proteger la vida.




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